Por Alessandra Duval, maestra del PEP en el International School of Breda (Países Bajos)
De pequeña, las matemáticas me intimidaban. Para mí, eran una asignatura que uno entendía o no. Y yo no las entendía. Las clases solo consistían en memorizar pasos y seguir reglas sin entender por qué. Recuerdo estar en clase, callada, con miedo a preguntar y con la sensación de que las matemáticas eran algo que no había más remedio que soportar.
En mi equipo educativo, nos dimos cuenta de que la forma en que enseñábamos las matemáticas no ayudaba al alumnado a reflexionar o abordar las ideas correctamente. Nuestras lecciones solían seguir el patrón “Yo enseño, tú haces”, según el cual se practicaba una serie de estrategias determinadas en las hojas de trabajo sin que hubiera mucho intercambio de ideas ni colaboración. Vimos que este enfoque era limitado y no se correspondía con la forma natural de aprender de los niños/as. A pesar de abordar el contenido, no despertaba la curiosidad del alumnado ni fomentaba un pensamiento profundo.
Cuando nuestro colegio nos animó a explorar nuevos métodos de enseñanza, tres de mis colegas y yo formamos un equipo de desarrollo de las matemáticas. Hubo dos libros que cambiaron radicalmente nuestra forma de entender la enseñanza de esta ciencia: The Elephant in the Classroom, de Jo Boaler, y Diseñando aulas para pensar, de Peter Liljedahl. Las investigaciones de estos dos autores muestran que los alumnos/as aprenden mejor cuando trabajan en grupo, se mueven libremente por el aula, comparten ideas y participan en la resolución de problemas de manera activa.
Cómo funciona
Los alumnos/as trabajan en grupos de tres personas, formados de manera aleatoria con el uso de una ruleta. En cada grupo hay tres roles:
- Un/a copista, que se encarga de escribir las ideas en la pizarra
- Dos pensadores/as estratégicos, que buscan estrategias y posibles soluciones
Los roles se van turnando para que todas las personas del grupo puedan tomar la iniciativa y hacer aportaciones. De este modo, se crea un ambiente de confianza y se ayuda al alumnado a abordar los problemas desde diferentes perspectivas.

Elección de las tareas adecuadas
Este método funciona mejor si, en lugar de ejercicios largos, se plantean tareas orales breves, como rompecabezas o problemas que fomenten la reflexión y el debate. Estas tareas pueden basarse en el currículo o bien ser problemas matemáticos no curriculares. Lo esencial es que permitan al alumnado explorar ideas sin quedarse estancado porque las instrucciones son muy complicadas o porque deben escribir demasiado.
Por qué encaja con el PEP
Este enfoque encaja a la perfección con el aprendizaje basado en la indagación y la agencia del alumnado del Programa de la Escuela Primaria (PEP). El maestro/a solo habla al principio durante cinco minutos y da la información que se necesita para empezar. A continuación, los alumnos/as toman la iniciativa y examinan, discuten y resuelven los problemas en grupo. Hacen reflexiones profundas, intercambian ideas, trabajan conjuntamente y toman decisiones sobre su aprendizaje. Esto les ofrece una agencia real y les ayuda a descubrir conocimientos por su cuenta.

Efecto en el alumnado
Al principio, los alumnos/as tenían dudas respecto a este nuevo método de trabajo, pero ahora están deseando que llegue la hora de la clase de Matemáticas. Se arriesgan, tienen menos miedo a equivocarse y descubren muchas formas de resolver problemas. Han ganado mucha confianza y se involucran mucho más en la asignatura.
Uno de los resultados que más nos satisfacen es ver que reflexionan sobre su aprendizaje. Hace poco, un grupo de alumnos/as descubrió que, para comprobar las respuestas, podía utilizar las operaciones inversas, algo que todavía no les había enseñado. En otra clase, hubo alguien que introdujo el concepto de los números negativos después de detectar un error. Estas situaciones demuestran la reflexión profunda que llevan a cabo los alumnos/as, cómo se ayudan entre sí y cómo descubren nuevas estrategias por su cuenta, que es precisamente lo que fomenta este método.
Evaluación y reflexión
Por el momento, la evaluación se hace de manera informal. Escuchamos las conversaciones, hacemos preguntas y observamos cómo los alumnos/as abordan y resuelven los problemas. Al final de cada clase, suelen anotar algunas de las estrategias o ideas que quieren recordar. Esto les ayuda a consolidar el aprendizaje y fomenta el pensamiento independiente.

Compartir y ampliar el método
En la actualidad, somos dos docentes que usamos este enfoque por completo, pero el interés que suscita va en aumento a medida que exploramos el método, aprendemos de la experiencia y compartimos nuestras impresiones con el resto del equipo. Hay docentes que utilizan oportunidades más transdisciplinarias para enseñar matemáticas, que demuestran la reflexión profunda que llevan a cabo los alumnos/as, cómo se ayudan entre sí y cómo descubren nuevas estrategias por su cuenta. Este enfoque resulta especialmente eficaz con el concepto de los números negativos, como demuestra el uso que hacen los maestros/as de primera infancia de actividades más prácticas y colaborativas.
Ahora las matemáticas son mi asignatura favorita
En retrospectiva, me habría encantado aprender matemáticas de esta forma: moviéndome por el aula, hablando con los demás alumnos/as, compartiendo ideas y descubriendo estrategias en grupo. Habría cambiado radicalmente mi infancia. Hoy, ha cambiado radicalmente mi trabajo como docente. Ahora las matemáticas son la asignatura que más me gusta enseñar porque veo que mis alumnos/as hacen reflexiones profundas, trabajan en equipo y disfrutan del proceso. Ya no tienen que memorizar pasos; ahora se ayudan entre sí para comprender ideas, y así es como debería ser el aprendizaje.
Ideas clave
- Empiece poco a poco: Comience utilizando superficies verticales y no permanentes, grupos aleatorios y tareas de reflexión antes de añadir otros elementos.
- Elija las tareas adecuadas: Los problemas orales breves son más eficaces para fomentar la colaboración y el debate.
- Alterne los roles: Dé a cada alumno/a la oportunidad de tomar la iniciativa y hacer aportaciones.
- Céntrese en la indagación: Hable poco y deje que su alumnado tome la iniciativa a la hora de hacer investigaciones y resolver problemas.
- Deje que las habilidades de los enfoques del aprendizaje se consoliden de forma natural: La colaboración, la comunicación, el pensamiento y la autogestión son habilidades que mejoran durante este proceso.
- Prevea un período de transición: Es posible que sus alumnos/as tengan dudas al principio, pero poco a poco irán ganando confianza y se involucrarán más.
- Lea los estudios: Los libros The Elephant in the Classroom, de Jo Boaler, y Diseñando aulas para pensar, de Peter Liljedahl, ofrecen orientaciones prácticas y muchas ideas.
